Europa
triunfa nuevamente en la Copa Ryder
24
de Septiembre de 2006
El equipo de Europeo venció por amplio margen
a la escuadra estadounidense por tercer año consecutivo
DUBLIN,
Irlanda -- La Copa Ryder de golf no se moverá del Viejo
Continente tras un triunfo récord -tercero consecutivo-
en el K Club de Dublín y una aplastante victoria sobre
los Estados Unidos por 18,5-9,5.
El marcador iguala el más abultado de la historia de
la Ryder para Europa, conseguido hace dos años en Oakland
Hills.
¿Por
qué nunca ganamos la Ryder Cup, papá? La pregunta
la fórmula un niño estadounidense de casi siete
años. El padre, con la mayor claridad posible, contesta:
"Mira, hijo. Antes siempre dominábamos esta competición,
cuando jugábamos sólo frente a británicos.
Pero desde 1979, se dio entrada a jugadores del resto de Europa
y las cosas comenzaron a cambiar".
"El
español Seve Ballesteros fue el pionero de esa incursión",
prosigue el padre, "y por culpa de ese español genial
comenzamos a tener problemas". "Ahora, la Ryder no
la ganaremos casi nunca, pues espíritus parecidos al
de Seve inundan el vestuario europeo. Son una piña, y
los nuestros hacen la guerra cada uno por su cuenta".
Igual que el progenitor a su hijo, la historia reciente de la
Ryder no engaña a nadie. De las últimas once ediciones,
Europa se ha impuesto en ocho y, por primera vez, las tres últimas
de manera consecutiva (2002, 2004 y 2006). El siglo XXI está,
pues, gobernado por el golf europeo.
La última victoria norteamericana se escenificó
en el Club de Campo de Brookline (Boston) en 1999, tras una
milagrosa remontada final, rodeada de un polémico comportamiento
del público estadounidense.
En el K Club no hubo hueco alguno a semejante remontada, ante
el exquisito público irlandés. Europa, capitaneada
por el bajito galés Ian Woosnam, cumplió también
en los partidos individuales para adueñarse por tercera
vez consecutiva del trofeo que instituyera en 1927 Samuel Ryder,
el vendedor de semillas que frotaría ahora sus ojos si
levantar la cabeza pudiera.Estados Unidos, tras ser zarandeada
en las dos jornadas anteriores de partidos por parejas, se vio
abocada a remontar un marcador de 6-10. La misma desventaja
que enjugó el equipo americano en la citada edición
de 1999.
"Nada
es imposible. ¡Todavía podemos ganar!", clamaba
la víspera Lehman para insuflar ánimos a un abatido
equipo norteamericano obligado a virar la desventaja.
El espíritu de Tom Lehman, el capitán estadounidense,
que viviócomo jugador aquella Ryder'99, tuvo en Stewart
Cink a su mejor valedor.
Cink, imbuido de ese espíritu y con un golf deslumbrante,
arrolló por 4 y 3 a Sergio García, el "alma
mater" de los europeos en las dos jornadas precedentes
(4 partidos y 4 victorias).
García quedó tumbado en el hoyo 15, a la par que
se hizo añicos su intento de pasar a la historia de esta
competición como el únicocapaz de ganar sus cinco
partidos.
La mala noticia corrió como la pólvora por el
K Club. De inmediato se propagó una corriente negativa,
pero que enseguida sufrió un repentino cortocircuito.
El veterano escocés Colin Montgomerie, de 43 años,
se deshacía de David Toms, para dar a Europa un punto
con enorme carga psicológica.
"Monty"
sumó un punto más para Europa, el primero de la
jornada, y ya sólo faltaban tres para retener el trofeo.
Esos tres puntos,vitales, llevaron la marca de Inglaterra. Fueron
donados por los ingleses Paul Casey (2 y 1 frente a Jim Furyk),
David Howell (5 y 4 ante Wetterich) y Luke Donald (2 y 1 a Chad
Campbell).
El honor de embocar el "putt" que rubricó un
triunfo histórico, y que lo ilustrará en publicaciones
y portadas, recayó en el sueco Henrik Stenson (4 y 3
frente a Vaungh Taylor), para dejar casi sin emoción
al resto de partidos.
Sin embargo, aún hubo un instante de enorme carga emocional.
Se rodujo minutos después, cuando el norirlandés
Darren Clarke, cuya mujer, Heither, falleció el pasado
13 de agosto tras una lucha de más de dos años
contra el cáncer de mama, daba a Europa el punto decimosexto.
Clarke se sumergió en un mar de lágrimas, mientras
alguno de sus compañeros lo abrazaban.
Media hora después, Clarke (3 partidos jugados y 3 ganados)
y su amigo José María Olazábal (también
3 de 3) se fundieron en un abrazo, eterno, entre lágrimas,
cuando el vasco acabó por derrotar a Phil Mickelson.
El instante fue otro de los trofeos que da el deporte.
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